Visitar una ciudad es intentar conocerla, y ¿cómo lo hago yo? paseando por el mayor número de calles del centro -y no tan centrales-, culturizándome con sus museos, santiguándome en sus iglesias, subiendo a sus terrazas, y como no, probando sus propuestas gastronómicas. En Málaga no viven sólo de sus populares espetos. 
En la capital de la Costa del Sol veréis que la tradición y la innovación van de la mano, podéis encontrar los típicos bares “de toda la vida” que por dos duros, os servirán un desayuno inolvidable, así como comer la mejor tortilla de changurro en el restaurante vanguardista de un chef estrellado. La oferta gastronómica del centro de Málaga es abrumadora, caminar por sus callejuelas es encontrarte con un bar y un restaurante después del otro, y ofrecen una variadísima oferta, combinada con vinos locales, que la dificultad radicar en qué elegir. Es un lugar para disfrutar de los pequeños placeres: vinos, aceites, quesos y platillos.
Y en este caso el lujo es conocer dónde comer bien en Málaga, me he dejado guiar por mis amigos malagueños y os compartiré mi experiencia.
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Con mi artículo quiero mostraros mi experiencia en bares espectaculares de Málaga a precios decentes:
La Recova: Es un lugar discreto, sencillo, de los de toda la vida, sin manteles de lino, con mesas de madera, y con la carta en pizarras de EGB. Mientras esperas la comida, te puedes distraer mirando los objetos que te rodean, y que decoran el local, y que además se venden, porque es no sólo una antigua casa de comidas clandestina, disfrazada de tienda de artesanía y antigüedades, sinó un lugar al que ir para disfrutar Málaga en sabores.

Y el festival empieza con un desayuno por 2,5€ con una tostada grande de pan de payés con diferentes propuestas caseras para untar: zurrapa de lomo, chicharrones, sobrasada, mermelada de manzana, mermelada de zanahoria y no puede faltar la mantequilla y el tomate triturado con aceite de oliva virgen extra. Todo hecho casero, por ellos, y que además podemos comprar por si nos queremos llevar el sabor genuino de La Recova a casa. Como siempre digo, el lujo no siempre cuesta dinero, sino que es saber dónde encontrar disfruteo a un precio simpático.

Antigua Casa de Guardia: Quien pise Málaga, tiene que pasar por esta taberna, sí o sí. Es un alto en el camino rapidito, no os podréis sentar, es un lugar casual, simpático, informal y que forma parte de la memoria familiar de los malagueños. Cero alardes decorativos, ni hípsters ni de diseño conocido, un local sencillo con la barra de punta a punta y donde cuando se entra, se tiene la sensación de pisar un capítulo de historia local.
Los malagueños sienten la bodega como un patrimonio propio, y es un auténtico lujo está que la receta de sus vinos no haya variado en 150 años. 

Existe desde 1840 y siempre en manos de la misma saga familiar. José de Guardia era un famoso licorero malagueño que fue nombrado proveedor de su majestad la Reina Isabel II. Los actuales propietarios, descendientes directos del fundador, tienen seis hectáreas en Olías -las afueras de Málaga–  que juntamente con otros caldos de cooperativas vecinas, cuidan los 13 vinos que ofertan en Antigua Casa de Guardia, básicamente de dos variedades: moscatel y Pedro Ximénez. 

Me encanta ver su decoración con las barricas de madera, una barra donde lo que te tomas se anota en la misma barra con tiza. Encontraréis poco para comer, unas gildas, unas gambitas hervidas… perfecto para abrir boca antes de la comida.
Su vino Reina Isabel II data del 1861, parece que le gustó tanto a la reina cuando pasó por Málaga que fue aprobado que llevara su nombre. Se ha convertido en el perfecto souvenir.

Los Patios de Beatas: Es uno de los espacios más singulares de la ciudad y que más os entusiasmará. Situado en la emblemática calle Beatas, rehabilitaron dos casas, una del S.XVIII y otra del S.XIX ambas protegidas arquitectónicamente por su belleza, valor histórico así como por sus patios interiores. En Los patios de Beatas se podrá degustar vinos y platos de los más diversos rincones gastronómicos, con un formato dinámico en el cual está todo integrado, cliente-vinos y platos creativos.
Literalmente es el templo del vino de la ciudad. Además es el lugar ideal para poder degustar diferentes vinos o aceites locales y mezclarlo con una buena tabla de quesos o jamones. 


Dispone de diferentes espacios chulísimos entre los que elegir. Y no os perdáis las mesas, todas y cada una de ellas diferentes, un lienzo exclusivo para cada comensal. Cada una es una superficie cerámica exquisitamente vidriada, en la que el artista Joshua van Eeden ha recreado una de las diferentes labores de la vinicultura con la mejor estética. Son piezas únicas, que añade un punto positivo a nuestra experiencia.

En mi última visita, hice una cata de vinos y aceites malagueños. Evidentemente como no podía ser de otra manera, todo acompañado de jamoncito y quesos. Sensacional.
Estad atentos a su web, y especialmente a sus redes sociales, pues organizan muchas catas diferentes, y alguna, puede coincidir con vuestra visita.

Taberna Casa Lola: es otro de los bares con solera en el centro de Málaga y os encantará. Dispone de tres ubicaciones diferentes y abrió sus puertas en 2010.
Una taberna desenfadada, simpática y con un salero muy local. Sus propuestas son clásicos andaluces con toques modernos e incluso guiños a platos árabes.

Podéis pedir algún guiso, o tapas. Yo opté por unas croquetas y salpicón. Fue mi primera parada de varias (evidentemente Málaga no es el lugar ideal para hacer dieta).

Mesón Mariano: si queréis ver en persona lo que podríais imaginaros como una auténtica taberna andaluza, con sus cabezas de toro colgadas en las paredes, pósters de toreros, barriles de vino y simpatía a raudales, este es vuestro lugar. Y precios más que decentes.

Es un mesón típico-tipiquísimo malagueño, donde se puede disfrutar de platos tradicionales; su especialidad son las alcachofas cocinadas en diferentes formas (pedid las llamadas a la montiñana con aceite, vino y taquitos de jamón del bueno) o el chivo lechal malagueño. No os perdáis su gazpachuelo malagueño, muy característico y algo que sólo podéis comer en Málaga